De Italia a Francia en tren cruzando los Alpes 

Viajar en tren por Europa es, para mí, mucho más que trasladarse de un punto a otro. Es una forma de conectar paisajes, culturas, de mirar por la ventana y sentir que el viaje empieza mucho antes de llegar al destino.  

Y si hay un trayecto que estaba en mi lista, ese era cruzar los Alpes en tren, uniendo Italia y Francia. Hoy puedo decirlo sin dudar: fue una experiencia inolvidable.

El comienzo del viaje: Milán 

Todo comenzó en Milán, una ciudad vibrante, moderna y perfectamente conectada con el resto de Europa. 

Desde la estación Milano Centrale, el ambiente ya anticipaba algo especial: viajeros de todas partes del mundo y pantallas anunciando destinos diversos. Mi tren: el Frecciarossa 1000 de Trenitalia, con destino final París Gare de Lyon.  

El recorrido cubre aproximadamente 900 kilómetros en unas 7 horas, una distancia que, gracias a la alta velocidad y al confort del tren, se vive de manera sorprendentemente placentera. Nada de aeropuertos lejanos, controles interminables o esperas eternas: subir al tren es empezar a viajar.

A lo largo del trayecto, el tren realiza seis paradas que permiten apreciar, aunque sea fugazmente, la diversidad de regiones que conecta. Del lado italiano, la primera parada es Turín, una ciudad alpina que marca el inicio del acercamiento a la montaña. Poco después, el tren se detiene en Oulx, ya muy cerca de la frontera y rodeada de paisajes que anticipan el cruce de los Alpes. 

Tras atravesar la frontera natural entre Italia y Francia, el tren ingresa en territorio francés, donde se suceden cuatro paradas más: Modane, Saint-Jean-de-Maurienne-Arvan, Chambéry y Lyon. Cada estación refleja un cambio en el entorno y la atmósfera, reforzando esa sensación única de ir pasando, casi sin darse cuenta, de un país a otro. 

Business Class: comodidad sobre rieles 

Decidí hacer este trayecto en Business Class, y fue una elección que superó aún más la experiencia. Desde el primer momento, el confort se hace notar: asientos de cuero amplios, reclinables y muy cómodos, ideales para un viaje largo. El espacio para las piernas es generoso y el área destinada al equipaje resulta práctica y bien organizada. 

Apenas acomodado, llegó el servicio de bienvenida, que incluye un snack y una bebida a elección. El tren cuenta además con WiFi libre, estable durante gran parte del trayecto, lo que permite trabajar, leer o simplemente compartir el viaje en tiempo real. 

Cruzar los Alpes: el verdadero espectáculo 

Si bien el confort a bordo es impecable, el verdadero protagonista del viaje aparece al mirar por la ventana. A medida que el tren avanza hacia el norte, el paisaje comienza a transformarse.  

Las llanuras italianas dan paso a relieves más marcados, pueblos pequeños y, finalmente, a la imponente presencia de los Alpes, la frontera natural entre Italia y Francia.

Viajé en otoño, una estación que regala colores únicos: tonos dorados, ocres y rojizos cubriendo montañas, bosques y valles. Cada curva del trayecto ofrece una postal distinta. 

Hay momentos en los que el tren atraviesa túneles largos, y al salir, la vista vuelve a sorprender como si fuera la primera vez. Es imposible no quedarse mirando, cámara en mano o simplemente en silencio, disfrutando del instante. 

Sabores a bordo

Otro de los grandes placeres del trayecto es el servicio de confitería disponible a bordo. Café italiano recién hecho, croissants, opciones dulces y saladas, y hasta vino francés, creando una combinación perfecta que acompaña el cruce entre dos culturas gastronómicas emblemáticas de Europa.

Tomar un café mientras el tren se desliza entre montañas mientras se atraviesa una de las regiones más espectaculares del continente, es parte de esa experiencia que hace que el viaje sea tan importante como el destino. 

Con el paso de las horas, el paisaje vuelve a cambiar. Ya del lado francés, los pueblos, los campos y la arquitectura empiezan a anunciar la cercanía del destino final. El último tramo del viaje Lyon-París es de unas 2 hs y se realiza a 300 km por hora.

No hay estrés: se llega descansado, inspirado y con la memoria llena de imágenes. 

Cruzar de Italia a Francia en tren, atravesando los Alpes, es sin dudas uno de los viajes en tren más hermosos de Europa. Para mí, fue mucho más que un traslado: fue cumplir un verdadero bucketlist.

Hoy puedo decirlo: un pendiente viajero cumplido. Y si eres amante de los trenes, de los paisajes y de los viajes que se disfrutan paso a paso, este recorrido debería estar, sin duda, en tu lista. 

Si estás pensando en vivir esta experiencia, los tickets pueden comprarse directamente en el sitio oficial de Trenitalia: www.trenitalia.com, donde es posible elegir clase, asiento y consultar horarios con anticipación. 

Si quieres ver la experiencia completa, te invito a seguirme en mi Instagram @travelerbruno

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